La otra historia del Malecón habanero (+ Fotos)


Malecón
Una serpiente desnuda se traga la ciudad. Cancerbera del mar y de los sueños, ocho mil pasos le separan la cabeza de la cola. Su cuerpo serpentea en una eterna inmovilidad, alterada apenas por el crujir silencioso de la tierra bajo el vientre. Sobre su lomo manso, descansan a horcajadas los cazadores cazados.
Como la mitológica hidra, el animal se regenera ante cada corte preciso del tiempo. Artesana de junturas, más de medio siglo estirándose la piel y robándole el salitre a la tierra. ¡Ay las bravuras de las olas, cuando el agua quiere recuperar lo que al agua pertenece!
Reptil génesis del último cachorro del león hispano, la primera piedra la colocó el águila serena de victoria. Tras el farallón arañado de la costa, a merced de la corriente cálida del Golfo, un bosque vedado amurallaba la villa de la flota. Pero la flota se fue, maltrecha, para no volver, y el Navy buscó un estuche de terciopelo para su pelota de golf.
A la serpiente adolescente la hizo mujer un asno con garras. La tomó por la cintura y la estiró hasta el punto de la arteria G, justo frente a la mirada pétrea de una palma nacida de las urnas rotas. Por dote, el cuadrúpedo se embolsó monedas tintineantes, aunque tres años después quedará viuda momentáneamente la señora.
Como una femme fatale, pasó de mano en mano, de turno en turno, dejándole un sabor amargo a sus cultores. El pollito pío, tan cobarde cual su nombre, la dejó y huyó ante el golpe de autoridad de la batuta. Un grave de tambores recorrió la isla, un agudo de violines erizó el silencio, el público desconoció el extravío del libreto y estrujó el pentagrama.
Como las tiranías suelen legitimarse con la magnificencia, como enmascaran su aceroso filo con aires de bondad, la serpiente de piedra gozó durante la rapsodia de su postrer alumbramiento: se estiró hasta converger mirada con su gemela de agua que venía del sur.
Como la condesa Fedora, de Balzac, trascendió a cada uno de sus amantes y benefactores. La batuta se quedó a escasas lunas de los pies del león, y a pocos aletazos furiosos del águila punzada. La casta posterior colocó la piedra terminante tras castrar en unos meses a los últimos onagros. Cuarenta años después, debió rellenar de urgencia la úlcera inminente de la anciana bestia.
Aún hoy, moribunda, la serpiente desnuda devora a la ciudad durante ocho mil pasos inclementes. Sus víctimas, como poseídas por una variación tropical del Síndrome de Estocolmo, esperamos la muerte sentadas en su lomo.

Galería: Durante la ampliación de los años 50´s

14628718Muro de malecon2908730490

Anuncios

5 pensamientos en “La otra historia del Malecón habanero (+ Fotos)”

  1. sobrino cada vez q leo un trabajo tuyo me pregunto este es el renecito q conosco gracias por tan buenos escritos me alegra saber q te conosco en persona y q eres asi como escribes SENCILLO ALEGRE PERO MUY CERTERO EN LO Q EXPRESAS UN ABRAZO TU TIO JAJAJAJAJAJAJ

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s