¿Por qué se inunda La Habana?


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Las inundaciones del pasado 29 de abril dejaron en evidencia –una y otra vez más- al sistema de drenaje pluvial de la capital cubana. Llueve, y las calles habaneras se vuelven ríos cuando colapsan los añejos canales construidos desde principios del siglo XX. Desde entonces, escasas remodelaciones han ampliado la capacidad original proyectada para una ciudad de 600 mil personas. La alta urbanización, que en 1915 representaba un 5 por ciento del área actual, ha reducido la infiltración natural de los suelos y recargado el volumen de escurrimiento a través de la obra hidráulica. El ingeniero Sergio del Castillo Alonso, Jefe del Departamento de Drenaje Pluvial de Aguas de La Habana desde hace 7 años, ofrece pormenores sobre lo sucedido el día 29 de abril y los proyectos para perfeccionar la red de desagüe.

¿Por qué se inundó La Habana el 29 de abril pasado?

Lo que ocurrió fue que el sistema de desagüe pluvial no consiguió tragar a tiempo el volumen de agua que se precipitó. Los cálculos realizados de aprovechamiento hidráulico revelan que una lluvia de esa intensidad solo tenía entre un 2 y un 3 por ciento de probabilidades de suceder, lo que significa que debe ocurrir una así cada 40 o 50 años. Cayeron casi 200 mm en cuatro horas.

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La zona más afectada de la ciudad resultó la cuenca de Matadero, que componen territorios de Cerro, Centro Habana, Plaza de la Revolución y Habana Vieja. Aunque el análisis aún es preliminar, los resultados apuntan que se precipitaron como promedio 130 metros cúbicos de agua por segundo (m3/seg) durante la tormenta. La capacidad de drenaje instalada en el área es de 63 m3/seg. La ciudad tuvo que escurrir cerca de 1 millón m3 en poco tiempo, pero si el lapsus hubiese sido mayor, las afectaciones no hubiesen resultado significativas.

En el colapso incidió, en primer término, la intensidad de la lluvia; pero también la escasez de inversiones en obras de este tipo. La urbanización elevada y el añejo sistema tampoco ayudaron.

Nuestra respuesta transitoria ha sido darle el mejor mantenimiento posible a toda la ciudad. Para eso contamos con 10 brigadas de trabajo que en un ciclo promedio de 40 días atienden las alcantarillas y redes.

¿Qué solución definitiva han formulado, en particular en las zonas de mayor impacto?

Los proyectos de drenaje son muy complicados porque abarcan proporciones extensas. Son los más costosos, pero si no ejecutas los proyectos requeridos, el sistema no puede funcionar correctamente. Hasta ahora, hemos concluido la primera fase de una obra en la calle 70, municipio Playa, para desviar el líquido en la Cueva del Indio. Próximamente debemos continuar los trabajos.

En la cuenca de Matadero, que es la más extensa que tenemos (704 hectáreas), diseñamos un proyecto integral. Además de la laguna reguladora en El Pontón, se preparará otra en el barrio de Platanito (Cerro, cerca del estadio Latinoamericano), donde existe un terreno natural propicio, y otra más por la zona de Infanta. Esto permitirá mantener más tiempo el agua en las zonas altas sin recargar las áreas de colección de una vez. También diseñamos instalar un dren (tubería principal que desemboca en la bahía) paralelo al ya existente en las calzadas de Manglar y Arroyo, lo que posibilitará expandir la capacidad de drenaje hasta los 142 m3/seg.

Aunque no podemos señalar con precisión la fecha, porque eso no depende de nosotros ni tomamos la decisión, pensamos que entre el 2015 y 2016 deba comenzar la ejecución. Aunque el costo podría variar, suponemos que oscile sobre los 11 millones de pesos (1 millón en CUC).

¿Será difícil el financiamiento?

El dinero no debiera representar un obstáculo. Lo difícil es la complejidad del trabajo, porque se localiza en el centro de la ciudad, donde existe una alta densidad de población. La inversión resulta fuerte, pero los beneficios totales a largo plazo serían superiores.

¿Qué irregularidades entorpecen el correcto funcionamiento del sistema de drenaje pluvial en La Habana?

El día de las lluvias, salimos a dar recorridos por las zonas afectadas. Lo primero que vi fue la cantidad de basura que había en la calle. Observé cómo las personas la sacaban de sus casas para echarla en la corriente. Esos desechos siguen el flujo y penetran en los tragantes, que son el primer punto del sistema y el más bajo de la calle. Todo discurre hacia allí. Si la población botara menos basura en las redes, aliviaría mucho la situación. El agua evacuaría más rápido, y como el tiempo sería inferior, también entonces el área afectada y los habitantes damnificados.

También a veces, lamentablemente, se aprueban construcciones en lugares muy bajos por donde debe pasar la corriente de manera natural; esto ocurre con hoteles de la costa, que funcionan como una barrera. La instalación de cables eléctricos en las alcantarillas nos afecta el mantenimiento, porque pone en riesgo la vida de nuestros trabajadores. En ocasiones pavimentan las calles incorrectamente y terminan bloqueando nuestros tragantes.

Le planteo una situación hipotética: si un ciclón atravesara La Habana, ¿qué sucedería entonces? ¿cómo se comportaría el sistema?

Aguas de La Habana prevé los fenómenos. Constantemente velamos por mantener en forma adecuada los sistemas. En caso de huracán, depende de la intensidad de las lluvias. Si son semejantes a estas y no se han ejecutado los proyectos, ocurriría lo mismo. La ventaja consiste en que el huracán es predecible. La gente lo espera y se prepara; no como el 29 de abril, que todo ocurrió muy rápido y casi no dejó tiempo a reaccionar.

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