Fantasía de un cuadro de Courbet


"El origen del mundo", del francés Gustave Courbet (1866)
“El origen del mundo”, del francés Gustave Courbet (1866)

Huyó una tarde de domingo. Guardó los planes de futuro en una bolsa plástica y la echó por el caño del lavabo. Una laguna fría, no más alta que un puño cerrado, se asentó en la porcelana gris. En la sala pasó frente a una réplica del Columpio de Fragonard. Tiró la puerta del hotel para marcharse.

Parecía que flotaba por las calles sin que nadie la mirara. Solo vestía con un bolso de mano sobre el hombro. La noche anterior llovió en la ciudad, llovió en su melena, tronó en su cuello. Nadie la miraba y su cuerpo era una guitarra española tejiendo melodías; nadie tampoco podía escucharla.

Atrás quedaba todo, que entonces era nada. La bolsa plástica estrangulaba la tubería del baño del hotel. Alguien metió la mano en el tragante y el tragante lo apretó con todas las fuerzas de su corazón de porcelana. Clamaba por ayuda pero no había respuesta.

"El columpio", pintada por Jean Honoré Fragonard en 1767
“El columpio”, pintada por Jean Honoré Fragonard en 1767

La mujer no sentía rubor de su paseo, hacía tiempo que murieron sus sonrojos. El asfalto le besaba los pies de algodón con cada paso, y si hubiera tenido manos se habría levantado a abrazarla, a envolverla con todo su cuerpo rebelado.

El bolso se bamboleaba con cadencia, la melena le golpeaba la espalda al caminar. Las nalgas se estremecían al bajar cada contén. (Si yo fuera el terreno, me habría acordado de Led Zeppelin para susurrarle “Stairway to heaven” al oído).

Detuvo la marcha en un parque y se sentó en el último banco. Cruzó las piernas. Las maderas del espaldar enseguida comenzaron a marcarle la piel de tiras rojas.

La multitud le pasaba por el frente sin asombro, seguían la marcha conversando sobre cualquier tema irrelevante. A veces la gente adormece mucho el corazón. Ella abrió el bolso y sacó unos poemas. Hablaban sobre la alborada del amor y de un pecado sin retorno.

Cuando terminó de leer dobló los versos en un cuadrado perfecto, finísima la hoja. Descruzó los muslos y sujetó el papel vertical en la entrepierna. Su cuerpo de guitarra sonaba melodías. Quedó largo tiempo pensativa, acariciándose el abdomen y haciendo caracoles de su pelo…

En el hotel, la porcelana del lavabo palideció hasta un blanco brillante; también las arañas comenzaron a tejer sobre la mano del tragante. Entonces yo pasé y la vi. Me sonrió. Senté mi cuerpo frente a sus pies. La música impidió que apartara mi vista de sus cuerdas. Yo parecía un niño. Separó las rodillas y empezó a leerme una lírica donde se traslucía, hambriento tras los versos, un verdadero y jugoso origen del mundo.

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Un pensamiento en “Fantasía de un cuadro de Courbet”

  1. Bravo! Otro poema atroz. Descarnado, paradójicamente, desnudo pero no de carnes.

    L’origine Du Monde. Cuando leí el título del artículo supe enseguida de qué se trataba. Yo también tuve mi fantasías con Courbet, y nació -descarada y cínicamente- mi «Ven, pero con una amiguita». Un crudo cuadro de violencia contra la mujer. Contra la mujer x 2: la mujer adolescente.

    Mis felicitaciones!

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